Discurso de Gettysburg
DISCURSO DE GETTYSBURG
19 de noviembre de 1863
Ochenta y siete años hace que nuestros padres hicieron surgir en este continente una nueva nación, concebida en libertad, y dedicada a la proposición de que todos los hombres son creados iguales.
Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil, determinando si esa nación, o cualquier nación así concebida y dedicada, puede perdurar durante largo tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una parte de éste a aquellos que aquí dieron sus vidas para que la nación pudiera vivir. Es del todo ajustado y propio que hayamos de hacer esto.
Pero, en un sentido más amplio, no podemos dedicar ‑ no podemos consagrar ‑ no podemos santificar ‑ este suelo. Los hombres valerosos, vivos y muertos, que aquí lucharon, lo han consagrado muy por encima de nuestro endeble poder para añadir o quitar. El mundo poco notará, ni mucho recordará lo que digamos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Es más bien para nosotros los divos, el dedicarnos a la gran tarea que ante nosotros resta ‑ que de estos nobles muertos recibamos una acrecentada devoción hacia la causa por la cual ellos ofrendaron la prueba más completa y última de devoción ‑ que aquí elevadamente resolvemos que estos muertos no habrán fallecido en vano ‑ que esta nación, bajo Dios, habrá de tener un renacer de libertad ‑ y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no perecerá de la faz de la tierra.